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No pudo resistir la curiosidad; aparcó su taxi y subió con Conchi hasta su casa para ver ese espacio mágico de logros sobre el que ella no paró de hablarle durante todo el trayecto. Concepción Fernández de Misa (Conchi) fue campeona de España de natación y del mundo de salvamento deportivo y sus 4 hijos también habían brillado en el panorama nacional e internacional en estas disciplinas. Innumerables galardones hicieron las habitaciones demasiado pequeñas así que la casa familiar tuvo que habilitar un pasillo entero para poder meter tanto éxito. Un motivo de orgullo para una madre que disfrutaba contándolo y enseñándolo. Era el pasillo de las medallas.

El doctor Fernández de Misa

La persona que tuvo la “culpa” de todo fue su padre, Ricardo Fernández de Misa, un hombre adelantado a su época y uno de los primeros médicos deportivos del país, que fue quien enseñó a su hija a nadar desde pequeñita. Su método fue muy original y parece que -viendo los resultados- muy efectivo: cuando iban al Hierro, en donde Ricardo trabajaba como médico, el barco no atracaba y los pasajeros tenían que subirse a pequeñas barcas para llegar a tierra firme. En lugar de montarse en estas barquitas, desde el agua, arengaba a su hija Conchi para que se lanzara y nadara hasta la orilla. Ella, muy obediente y osada, lo hacía, ¡y de qué manera!

Rompiendo prejuicios

Así es como Conchi, gracias a su padre -y a su atrevimiento- comenzó su camino de éxitos en la natación nacional  e internacional y empezó a romper tabúes. Estamos en los años 40 y no estaba bien visto que la mujer hiciera deporte. Conchi no solo lo practicó, sino que también lo estudió: acabó la carrera de INEF -al mismo tiempo que hacía la de piano- y dedicó gran parte de su vida al deporte por no decir entera. Viajó por todo el mundo con la natación y el salvamento cuando en las islas no era frecuente salir a competir y consiguió innumerables éxitos. Logros que igualmente pudieron disfrutar dos de sus hermanos, que también fueron campeones nacionales.

La época de “sequía”

Por circunstancias laborales, Conchi y su marido -el ingeniero José Escatllar- se trasladaron a Pamplona y luego a Madrid en donde vivieron 2 años y en donde nacieron Joaquín y Conchi Escatllar, la más laureada de la familia. Tras otros dos años en Cataluña, lugar de nacimiento del tercer hermano, Javier, por razones de trabajo, la familia se trasladó a El AAiún, por entonces colonia española. Allí los cuatro hermanos -Papia, la más pequeña nació por esa época- disfrutaron de una infancia feliz, tal y como relata Conchi Escatllar recordando con nostalgia ese periodo. Aunque el mar estaba relativamente cerca, solo lo veían, cuando hacían excursiones a la costa, de forma esporádica.

Empiezan los éxitos

Tras 6 años en tierras coloniales, la familia volvió a coger las maletas, esta vez con dirección a un lugar en donde tenían parte de sus raíces, ya que de allí era Concepción, y en el que el mar lo protagoniza todo: las Islas Canarias. Con la idea siempre en la cabeza de hacer actividades de una forma comprometida –compromiso es una palabra sin la que sería imposible entender la historia de esta familia- los 4 hermanos empezaron a nadar en el Real Club Náutico de Tenerife. Tras solo un mes de entrenamiento, el mayor consiguió la mínima para el Campeonato de España y parece que esto fue un gran aliciente para el resto que copiaron a Kim y empezaron también a clasificarse para los nacionales y a lograr títulos nacionales.

Conchi Escatllar travesía a nado

Conchi Escatllar

Aunque para todos ellos, la natación fue protagonista de sus vidas -¡hasta José que no era muy amigo de practicar deporte se sacó el título de árbitro!- sin duda alguna a quien este deporte ha marcado su experiencia vital ha sido a Conchi Escatllar. Con 13 años, Conchi se proclamó campeona de España por primera vez y comenzó una carrera que la ha convertido en una de las deportistas españolas más laureadas de todos los tiempos. A su lado, siempre, su madre Conchi, seguía los pasos de su gran campeona e iba guardando con mucho celo cada logro que conseguía. Pero también los de sus hermanos, todo campeones nacionales, y los de ella misma porque Concepción siguió compitiendo hasta el final de su vida- falleció en 2006 con 72 años- aportando su granito -granote- de arena al pasillo mágico.

El mar

Pero si queremos ser precisos en el relato, tendríamos que sumar el mar a esta historia para entender la vida de Conchi Escatllar. A los triunfos en la piscina, se añaden infinidad de medallas, trofeos, copas, diplomas…ganados en travesías a nado o en paddle-board, deporte en el que solo hace 3 años fue tercera del mundo en Perú. Recuerda con mucho cariño algunas travesías a nado en las que compitió con su madre y en donde ambas se proclamaron campeonas en sus respectivas categorías. Y destaca de esta disciplina deportiva el compañerismo, el hecho de poder ayudar a alguien a que termine una prueba, a que sea un finisher, sacrificando su puesto o su marca. Así lo hizo, por ejemplo, en una travesía muy especial, la de Candelaria, en donde ayudó a acabar a un chico que quería abandonar animándolo y diciéndole que siguiera su estela, que chupara rueda

Recuerdos

En la actualidad, Conchi es entrenadora en su club de toda la vida, el Real Club Náutico de Tenerife y sigue compitiendo por este mismo club, por el que fundó su padre, el Club Tenerife Masters, y también en triatlón por el Ohana Triatlón. Sigue cosechando triunfos aunque ya no tiene un lugar en donde conservar sus logros. Tras el fallecimiento de su madre, Conchi decidió deshacerse de la mayoría de las medallas. El pasillo mágico desapareció pero lo que siempre permanecerá será el recuerdo de tantos buenos momentos vinculados al deporte y la historia de una saga familiar de nadadores única.